Violet Salvatore
Así no lo quisiera, el día de mi boda se acercaba cada vez más sin poder evitarlo. Había mirado sin emoción ese vestido varias veces y para completar la estúpida lencería que tenía que usar.
Suspiré de cansancio por enésima vez. Ese desgraciado hijo del demonio había ordenado hasta la lencería, una blanca con encaje y transparencias en mis pezones, así como en mi intimidad. Quería mandarlo al diablo en todos los idiomas del mundo para que supiera que no quería casarme con él n