46~ Dones.
Aurora trató de estirar los dedos entumecidos por las esposas que le apretaban las muñecas, pero no pudo, estaba rodeada por los policías que la apretaban como si en cualquier momento tratara de escapar.
— No tiene ni una prueba — le dijo Franco, el mafioso estaba sentado sobre las piernas del conductor que era el capitán Bernal y eso le hizo gracia a Aurora, pero Carlos, a su lado, parecía muy asustado — cuando lleguen a la estación un buen abogado los estará esperando, este hombre — continuó