4~ Mio también.

Aurora sentía que el cansancio la estaba sobre pasado, ¿cómo era posible que tuviera alucinaciones incluso despierta?

Aunque no podía asegurar que estaba despierta, la noche anterior se puso la ropa de dormir y se fue a la cama y resultó que eso era parte del sueño.

— Creo que deberías descansar — le dijo la mujer encargada de la concina que le trajo una agua aromática humeante.

— Estoy bien, solo es estrés — le comentó y la mujer se fue con una mirada desconfiada.

Aurora miró en todas direcciones, la presencia del hombre la había hecho lucir como una loca ante todos sus empleados y eso le hizo poner la cara roja, pero cuando estaba a punto de darle un sorbo a la aromática, Carlos se sentó frente a ella.

— ¿Ya lo pensó, jefa? — Aurora dejó escapar el aire.

— Carlos, hace media hora hablamos del tema — al muchacho se le enrojeció la cara — la revista no tiene tanto dinero como para pagar un pasaje a Italia a esa entrevista.

— Ya hice las proyecciones — le mostró una hoja llena de números — según las estadísticas nos irá super bien, el tema en este momento está en furor, todo el mundo habla de él, pero hay poca información y mucho menos de una sobreviviente — Aurora miró los números en el papel y frunció el ceño.

— Suena interesante, pero hay que hablar primero con don Martin…

— Ok — Carlos se enrojeció más — ¿entonces que le digo a la actriz? — levantó su celular y Aurora dio un salto.

— ¿Qué hiciste? — él le bajó la mirada.

— Le hablé desde el perfil de la red social de la revista, dijo que le gustó mucho la última entrevista que le hicimos y que nos dará la primicia — sonrió con desconfianza — pero solo tiene el viernes disponible.

— ¡Tendría que irme mañana! — dijo Aurora y Carlos sonrió.

— Bueeeno, ahí le dejo el dato, jefa — se puso de pie, pero Aurora lo sentó señalándole con el dedo la silla.

— Si don Martín da a la aprobación, vendrás conmigo — la cara del muchacho palideció.

— ¿Qué? ¿Yo? — Aurora asintió.

— Si, tú, me metiste en esto y es tu idea, así que apurate a hacer los preparativos, yo hablaré con don martín a ver qué dice — Carlos se puso de pie, pero Aurora la detuvo — buena idea — le dijo y el muchacho sonrió, pero Aurora no pudo evitar sentir una extraña sensación.

— ¿Italia? — le preguntó don martín y Aurora asintió con la cabeza, luego le tendió el papel con las proyecciones que había hecho Carlos.

— Carlos tiene razón, este hombre es tendencia mundial, y tenemos la oportunidad de entrevistar en primicia a una de sus víctimas que también es, por cierto, una de las actrices en ascenso más importantes.

«Cuando la entrevistamos por primera vez, fue un número muy vendido y aun no era tan famosa, hay que aprovechar esta oportunidad.

— Estoy de acuerdo contigo, pero, ¿llevarlo a él? Apenas es un recién graduado sin experiencia — le dijo el hombre y Aurora negó con la cabeza.

— Tiene potencial, por eso lo contraté, además la idea fue suya — don Martín se tomó su tiempo en meditarlo.

— Sería caro.

— Si, pero la revista la puede costear, además, sería un veneficio mayor que el costo — don Martín asintió con desgana.

— Bien, vayan a Italia — dijo y cuando Aurora se puso de pie el hombre le habló — pero les conviene que todo salga bien, es un coste caro, así que si sale bien continuaran para que pueda decidir con qué debo quedarme, pero si me fallan — Aurora respiró profundo — me temo que escogeré al periódico, así que háganlo bien.

— Lo haremos — le dijo con seguridad Aurora, aunque no estaba muy convencida.

Cuando llegó a casa esa tarde preparó su equipaje lo mejor que pudo, el periódico estaba organizando lo del pasaporte de Carlos que nunca había salido del país y ella comprobó el suyo, luego lo guardó todo bien acomodado en su maleta y preparó tambien la cámara fotográfica y la grabadora.

Se preparó para dormir y se quedó con los ojos abiertos en medio de la cama con el departamento oscuro.

No podía dormir, le aterraba tener de nuevo un sueño con el hombre de ojos grises y eso la tuvo despierta gran parte de la noche, así que se entretuvo un rato en las redes sociales, todas hablaban del hombre de la cicatriz.  

De repente amaneció, una luz cegadora llenó el cuarto y Aurora comprendió que había pasado la noche en vela.

Cuando apartó la mirada del celular vio que estaba en el cuarto blanco con la cama de sábanas rojas y ella dio un salto.

— No otra vez — dijo, a su lado, el italiano dormía plácidamente y Aurora se puso de pie despacio para no despertarlo.

Trató de alejarse de la cama, pero igual que la primera vez, terminaba llegando al mismo lugar, como si estuviera atrapada en un espejo.

— No entiendo tu horario de sueño — le dijo él incorporándose en la cama y Aurora lo miró alejándose.

— Ya estoy harta de esta alucinación — el hombre blanqueó los ojos, en ese encuentro Aurora pudo verle el rostro con una perfección aterradora.

— Eres más hermosa cada día — le dijo él y luego le dio una lasciva repasada — y tan sexy, tengo suerte — se bajó de la cama y observó la habitación, tenía solo la ropa interior y Aurora hizo fuerza para no mirar el enorme bulto que tenía entre las piernas — no entiendo por qué aún crees que es una alucinación, Aurora. Que hermoso nombre.

— Claro que lo es — dijo ella y Franco la miró a los ojos. Se acercó y Aurora se quedó paralizada, cuando él llegó, estiró la mano y la agarró del cuello, el tacto se sintió tan real como el de una persona que tuviera en frente, tenía la mano grande y cálida, muy cálida.

— Nuestra conexión ya es muy fuerte — dijo él muy cerca, el aliento le golpeó el rostro y olía a crema de dientes — esto es para que tengas muy claro, yo estoy en ti, en tu alma, pero tambien la genética y la evolución tiene que ver, el cerebro.

»Yo no puedo hacerte sentir algo que tu cerebro no haya sentido antes, ¿dime donde nunca te han besado? — Aurora se sentía atontada con el calor de la mano en su cuello.

— El codo — dijo y Franco la agarró de la muñeca y le lamió el codo, pero Aurora no sintió nada.

— No te preocupes si no entiendes, tendremos toda nuestra vida para practicar — le dijo él — como tú no sabes cómo interpretar esta sensación por que tu cerebro no la conoce, no puedo hacer que la sientas, pero esto sí.

La agarró con fuerza del cuello y le dio un lametazo sobre la piel suabe bajo el mentón. Aurora sintió como un calor le invadió el pecho.

— Espera — murmuró, pero no sabía qué decir, y perdió el aliento por completo cuando la lengua del hombre recorrió su cuello.

Era una sensación extraña, como el recuerdo de un beso, pero tan real que le erizó la piel.

Se alejó de golpe y el calor del hombre se perdió de su cuerpo.

— M****a, no podré aguantarme — dijo él y sonrió de lado. Aurora lo miró abrazándose sí misma.

— No entiendo nada, ¿por qué pasa esto? En el caso de que sea real — Franco se sentó en la cama con las piernas abiertas, eran gruesas y bien moldeadas por el gimnasio.

— No creas que tengo todas las respuestas — le comentó acariciando las sedosas sábanas — mamá me contó cómo sería, y qué debía decirte cuando llegara el momento, pero no tengo mucha información, cada pareja es diferente.

— Quiero que me hables claro, ¿qué está pasando? — Franco la miró con los ojos entrecerrados.

— Es mi sangre, nuestra sangre — dijo — hay magia en nuestra sangre. Nuestros antepasados eran unos seres del submundo que se hacen llamar la gente del bosque, varias generaciones después nacemos nosotros, no tenemos nombre en específico, pero podemos sentir la magia en la sangre en forma… como si fuera arena — Aurora pasó saliva.

— ¿Arena?

— La has sentido, ¿verdad? — Aurora asintió con la cabeza, el dolor en las cienes regresó.

— ¿O sea que puedes lanzar hechizos y eso? — Franco rio, su risa era igual de sexy que todo él.

— Nuestros antepasados tal vez, pero nosotros no. Lo único es lo de nuestra “Pareja destinada” — hizo las comillas con los dedos — y que físicamente somos más atractivos que el promedio.

— ¿Pareja destinada? — preguntó ella — ¿Cómo los hombres lobo? — Franco negó con una risa y se puso de pie y cuando llegó a ella la tomó por los hombros. El tacto se sentía tan real que la abrumó.

— Todo esto — dijo él y señaló la habitación del sueño — todo esto es porque eres la mujer que nació para mí, al ser concebidos el primer palpitar de nuestro corazón lo hicimos juntos, y cuando nacimos nuestro primer aliento fue al mismo tiempo.

— ¿Nacimos el mismo día? — le preguntó ella mientras le observaba los labios carnosos y Franco la tomó del mentón para que lo mirara a los ojos.

— El mismo día, a la misma hora y el mismo segundo. Cuando tú respiraste por primera vez yo respiré tambien. Ya te lo dije, naciste para mí y eres mía — Aurora estiró la mano y la posó en su hombro.

— Entonces tú tambien naciste para mí y eres mío — Franco asintió con la cabeza.

— Esta magia que tenemos en la sangre nos unió — tomó la mano de Aurora y la puso sobre su pecho, la piel cálida acompañó el fuerte palpitar de su corazón — y estaremos unidos por siempre. Somos el uno para el otro, nacimos para estar juntos y lo haremos.

Cuando Aurora despertó, a diferencia del miedo con el que había despertado las otras veces, sintió un calor en el pecho que la hizo sonreír.

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