30~ Atada.
Aurora regresó al piso de la revista con los papeles en la mano y las llaves apretadas en un puño, tenía el corazón acelerado y por más que trató de ir con Franco no pudo, el hombre había despertado y visitarse en medio de la vigilia era realmente complicado, así que no tuvo más opción que escribirle un mensaje.
— No puedo aceptarlo, Franco. Gracias, pero es un regalo muy caro — como única respuesta recibió un striker de un hombre con las manos en la cintura mirando mal.
— Hablamos después — le