Punto de vista de Sara
El café brillaba suavemente bajo las luces de la tarde cuando llegamos. Los grandes ventanales emitían ese resplandor cálido y dorado que lo hacía sentir acogedor y vivo. Dentro, la gente estaba sentada de dos en dos o de tres, riendo, hablando, bebiendo de sus vasos. El leve olor a café, azúcar y caramelo flotaba en el aire y, lo juro, mi estómago dio un pequeño aleteo feliz.
Archer me sostuvo la puerta y entré, intentando actuar con normalidad. Ni siquiera me pregun