Dejé escapar un suspiro pesado y puse los ojos en blanco con tanta fuerza que pensé que se me quedarían así. La voz de Dante todavía resonaba en mi cabeza como una alarma molesta que no podía apagar.
«No vas a ir al club esta noche, fin de la discusión». Sus palabras habían sido firmes, su tono autoritario, y lo peor de todo… es que le había hecho caso.
No discutí, no puse los ojos en blanco delante de él, ni siquiera murmuré algo por lo bajo como solía hacer. Solo asentí como una obediente c