Tragué saliva, mirándolo. Su rostro estaba tan cerca ahora. De cerca, era aún más irreal… su cabello blanco goteando contra su pecho, sus marcas brillando débilmente como luz bajo su piel.
—Yo… —Mi voz se quebró—. No lo sé.
Durante un latido, todo se quedó en silencio. El bosque. El arroyo. Incluso el viento pareció contener la respiración.
Antes de que pudiera parpadear, se movió. Su mano se deslizó de mi mejilla a la parte posterior de mi cuello, sus dedos envolviéndome con firmeza pero sin d