Oí la orden otra vez, suave pero afilada dentro de mi cabeza.
—Acuéstate.
No era solo una voz… era como un tirón dentro de mí, como si todo mi cuerpo estuviera siendo guiado por su orden. Mis piernas se sintieron débiles mientras me bajaba sobre la hierba, las hojas frescas y húmedas contra mi piel desnuda. Mi pecho subía y bajaba con rapidez, mis pechos temblando con cada respiración mientras abría las piernas ampliamente para ellos, el calor palpitando entre mis muslos.
Los dos me miraron d