Al escuchar las severas palabras de Osvaldo y Juan, Osvaldo tomó el reglamento de los empleados y lo mostró a Juan diciendo: —Aquí dice claramente que no se puede insultar a los compañeros de trabajo.
—Tú, maldito, me llamaste cabeza hueca, ¿no es eso una terrible violación de las reglas de la empresa?
—Nuestra empresa no necesita personas que usen lenguaje vulgar. ¡Lárgate ahora mismo de aquí!
Osvaldo estaba muy complacido consigo mismo en ese momento, pensando que este chico no era tan difícil