Rita buscaba sin parar, y de repente caían cenizas de papel quemado del cuerpo de Juliana.
María, muy extrañada, preguntó: —¿Cómo es que tienes todas estas cenizas encima?
Juliana, mirando las cenizas con gran asombro y cubriéndose la boca, exclamó: —Ay, mis aves de papel, ¡cómo han acabado así!
María frunció el ceño en total confusión y preguntó: —¿Aves de papel?
En ese momento, Juliana se agachó cuidadosamente y recogió las cenizas una a una, diciendo con cuidado: —Sí, estas son las grullas de