Juan miró la sonrisa de Celia y luego se sumergió en sus ojos. Pero después de ese pequeño rato de letargo, se dio cuenta de que, al despertarse, solo llevaba puesta la ropa interior, sin nada más. Sus músculos tonificados y sus elegantes contornos estaban expuestos frente a Celia. Un hombre como Juan, en condiciones normales, no debería sentir vergüenza. Pero la situación era un tanto incómoda, así que Juan rápidamente se metió de nuevo bajo las sábanas.
Al ver a Juan refugiarse bajo las sábana