Al escuchar las palabras de Ana, María respiró aliviada, sintiendo que habían ganado el caso.
Margarita aprovechó la oportunidad y llevó al camarógrafo hasta donde estaba Ana. —Señorita Ana, ¿tiene algo más que decir en su defensa? —preguntó.
—Pronto enfrentará las consecuencias legales de sus acciones ilegales —agregó con severidad.
Cada palabra de Margarita era como una daga afilada, y Ana intentó rebatirla pero no pudo.
Desde lejos, Rita corrió hacia ellas emocionada. —Ana, ¿te arrepientes? —