47. Lo que nadie puede borrar.
★Adrien★
Nos dejaron en la habitación de antes. Llevaba diez minutos dando vueltas de un lado a otro, y el lobo dentro de mí se movía con cada paso, inquieto, como un animal que sabe que algo está a punto de pasar.
Drevon estaba apoyado contra la pared, con los brazos cruzados y la mirada fija en la puerta. Su postura era de aparente calma, pero yo conocía la tensión en sus hombros, la forma en que sus dedos se movían ligeramente sobre su brazo, como si estuviera contando los segundos.
—Deja de