Scarlett Ashford
La casa estaba en silencio, pero no era un silencio tranquilo. Era el tipo de quietud pesada y sofocante que precede a una tormenta. Pasé toda la tarde encerrada en la suite principal, caminando de un extremo a otro de la alfombra hasta que me aprendí de memoria cada hilo del dibujo.
Las palabras que Preston me había dicho antes seguían resonando en mis oídos, como una amenaza que no se desvanecía. Consumar el matrimonio. La idea me revolvió el estómago. Me miraba como si fuera