**Punto de vista de Stefano**
"Vi a Elena."
Eso fue lo primero que escuché cuando me senté en la sala de Marco.
Las palabras me golpearon tan fuerte que olvidé cómo respirar.
Marco no estaba cerca. Carmela estaba sentada rígidamente en el brazo de un sillón de cuero, con los dedos entrelazados con tanta fuerza que sus nudillos parecían piedras blancas. Ella no me miraría. Tenía los ojos fijos en los azulejos estampados y en su rostro se dibujaba una expresión de pavor pesado y silencioso.