—¡Naomi! —gritó una voz y la chica que estaba acostada en la cama tembló. Se levantó lentamente al oír los fuertes pasos en las escaleras que crujían y, poco después, su puerta se abrió de golpe y un hombre grande con barba poblada se paró frente a ella. Sus ojos color avellana la miraban con enojo y ella se acurrucó en su cama, usando las sábanas para cubrirse. —¿Por qué no hay comida esperándome? —tronó, su voz tan fuerte que le provocó un escalofrío en la columna vertebral.
—No había nada e