—Él viene por nosotros —gritó Mary y todos comenzaron a cantar para crear un hechizo. Cuando estaban a punto de teletransportarse, una cuerda de fuego se aferró a sus piernas y con una fuerza, fueron jalados y golpeados en la cima de la colina. Al mirar hacia arriba, vieron al hombre colgando en el aire, sus ojos ardían en rojo y no se parecía en nada al hombre que lloraba hace un segundo.
—Intenta, pero nunca podrás desatar esa cuerda —dijo Edward, su voz suave y serena como si estuviera preg