—¿Qué dijiste? —preguntó Larry, sin creer lo que escuchaba.
—La escuchaste. Queremos saber sobre tu esposa, la madre de Naomi —dijo Asher, con una voz nada amable o respetuosa.
—Háblame con respeto, muchacho —le advirtió Larry.
—Te inclinas cuando me hablas —replicó Asher.
—Asher —llamó Irene—, cálmate.
—Escucha —dijo Larry—, no sé quién eres ni quién te crees que eres al irrumpir en mi casa y preguntarme por mi difunta esposa. Pero creo que es hora de que te vayas y será mejor que lo haga