Aliyah se acurrucó en el suelo haciendo una mueca de dolor. Resultó que era una cazadora de su especie la que abandonó la trampa porque ahora había veneno en su herida. Sólo los cazadores de lobos envenenan sus trampas para evitar que se curen rápidamente y huyan. Ya se le habían agotado las fuerzas y sabía que si no llega a casa pronto y desintoxica el veneno, estará demasiado débil para luchar contra el cazador cuando él venga o incluso estará muerta, a juzgar por lo débil que estaba ahora.