Aliyah hizo una mueca ante el dolor agudo de la carne perforada. Sus globos oculares casi se metieron en sus órbitas debido al inmenso dolor que sentía en su cuerpo. Podía sentir su sangre pasando a través de ella hacia su boca, pero lo que más la sorprendió fue lo relajado que estaba su lobo ante todo. Estaba pensando que estaría tan frenética como ella, pensando en la manera de liberarse de sus garras, de lo contrario, él los chuparía hasta dejarlos secos. Pero no, la maldita criatura peluda