—¿Sabes qué? ¿Te mueres de hambre? —preguntó Mariah de repente.
Alaric frunció el ceño y la miró. —Sí, pero me sorprende que hayas hablado de ello.
—Bueno, ¿vamos a buscar algo para comer?
Alaric suspiró. —Me encantaría, pero este es el reino humano, casi no me dejan entrar en sus posadas. No sé por qué.
—¿Posadas? Mariah frunció el ceño. —¿Por qué?
—No lo sé. Se puso de pie.
Mirándolo fijamente, Mariah empezó a reír después de averiguar por qué. —Siempre te vistes así, ¿verdad?
Alaric frunció