Punto de vista de Zara
El interior de la furgoneta era una caja claustrofóbica de luz roja y el olor sofocante a aceite frío y grasa de armas. Frente a mí, tres hombres del Batallón Negro estaban sentados como estatuas de obsidiana, con las manos enguantadas descansando sobre las culatas de rifles silenciados. No me miraban, pero sentía su conciencia: un juicio pesado y silencioso que zumbaba en el pequeño espacio. Yo era la chica de la que habían oído susurros, la heredera Vance que supuestame