Después del desayuno, contacté a Renz por el enlace mental para que nos viera en mi oficina y le dije a Rebel que fue hora de hablar. Entramos en mi oficina e hice que se sentara en mi regazo en el sofá. Renz estuvo sentado en el sillón frente a nosotros. Tenerla sentada en mi regazo mientras inhalaba su aroma me resultaba tranquilizador.
—Rebel —comencé—, quiero hablar contigo sobre tu vida en Garra de Hierro. Renz y yo tenemos algunas inquietudes y creo que lo mejor sería entender cómo vivías