Richard
Me sorprendió muchísimo lo parecida que Ariella se veía a su madre. A pesar de las líneas de la edad, y del hecho de que la enfermedad había quitado algo del brillo de su piel y cabello y parte de su peso, el parecido seguía ahí.
Estaba ahí en la forma en que la mujer mayor sonrió cuando Ariella nos presentó. Dios, incluso sus sonrisas eran iguales.
“Mamá…” Ariella levantó la mirada hacia nosotros y olvidé cómo respirar al ver la emoción brillando hacia mí. Su rostro era tan abierto y e