—¡Sí, comamos!
Después de terminar la cena, Natalie condujo a Tina de regreso a casa. En el camino, se le ocurrió lo que Leonardo le había dicho por teléfono hoy, y dijo: —Ah, por cierto, hoy Omar quiere invitarme a cenar.
Tina frunció el ceño, luciendo bastante impaciente.
—No le harás más caso. Le dejé claro que no volveré a estar con él. ¡Pero él es como una lapa que no se puede quitar de encima!
Natalie asintió con la cabeza. —Sea cual sea tu decisión, te apoyaré.
Después de dejar a Tina en