Debbie
La luz de la mañana era pálida y gris cuando comenzó a filtrarse en la cueva. Me despertó un sonido pesado y rasposo que venía de la entrada. Era el ruido del metal golpeando contra la piedra.
El corazón me dio un vuelco. Joder. La ayuda ya estaba aquí.
En ese momento, mi teléfono vibró sobre la roca que tenía al lado. Era una llamada de River. Respondí, todavía con la voz ronca por el sueño.
—¿River?
—Debbie —dijo, con voz cansada pero aliviada—. El equipo de rescate ya está