—¡Han destruido mis amapolas azules! ¿Cómo no iba a ir a ver quién fue? —dijo el anciano, molesto. Al recordar las flores arruinadas, su corazón todavía dolía.
—¿Y vio cómo era esa persona? —preguntó Adriana con curiosidad.
—Y si lo vi, ¿qué? No lo conozco, y tampoco soy policía —respondió el anciano mientras la miraba de reojo—. De todas formas, sigues viva, ¿no? Espero que después de esta lección te entre algo de sentido común.
Adriana no pudo evitar reír.
—En realidad, ya presentía que era un