—José le lanzó una mirada asesina a Adrián.
Él cargó a su esposa, ¿qué tenía que ver eso con él?
Sin embargo, Adrián no parecía intimidado. Solo se preocupó por Adriana:
—Traje un poco de crema para raspones, puedo echártela luego.
—No, gracias. Estoy bien —respondió Adriana con una sonrisa tranquila.
La mirada de José expresaba un odio aún más profundo. Ese tal Adrián no solo se atrevía a coquetearle a su esposa, ¡sino que lo hacía frente a él y más de una vez!
Quería acercarse para llevársela,