Marcus estaba a punto de irse, cuando su asistente Mariana se acercó a despedirse, ya era una mujer de sesenta años, estaba jubilándose.
Él le dio un gran abrazo.
—Gracias por estos años de servicio, Mariana, y por tu lealtad.
La mujer sonrió feliz.
—Le deseo buena suerte a usted y a sus hijos.
Una mujer entró.
—Irina, pasa, señor, le deseo éxito con la nueva asistente, ella sabe que ante cualquier duda puede llamarme.
Marcus sonrió.
—Muchas gracias.
—Bienvenida, Irina, a partir del lun