Marcus volvió a casa, no quiso decir nada a Evana sobre Álvaro, habían tenido tanto de la maldad de ese hombre, que decidió que debían olvidarlo para siempre.
Apenas Marcus llego, Evana daba de comer a Natalia, Marcus las observó, sonrió, eran hermosas juntas.
Él sonrió.
—¿Qué pasa? —dijo Evana al verlo.
—Eres tan hermosa, y buena, estoy enamorado de ti, siempre será así.
Evana sonrió.
—Pronto tendremos más niños, cariño, así que, debemos ser fuertes.
Marcus sonrió.
—Ya verás, te ayudaré