Manos a la obra
Ímpetu no nos faltaba, aunque el corazón resentía los daños de las calamidades que habíamos tenido que soportar en el proceso.
No era algo como para tener a menos, pero motivados todos como estábamos podíamos superar las barreras que se nos planteaban y avanzar más allá de nuestros propios límites.
Arthur y yo éramos los más afectados emocionalmente, aunque el chofer se esforzaba en ocultar sus emociones que, sin embargo, se notaban a flor de piel. Era algo verdaderamente inau