De vuelta al ruedo
Y como era de esperarse, habiendo logrado encaminar los pasos de una vida que había tenido tantos traspiés, volvíamos a tener la oportunidad de enfocarnos en nuestra realidad y en las que eran nuestras prioridades, y en ese momento en aquella oficina, tanto para él como para mí, las prioridades de ambos estaban bastante en claro: el deseo debía ser satisfecho.
Los besos más sabrosos de mi vida hasta ese momento me los regalo Cristian en aquella oficina. Él se había inclinado