22.
JEREMY
Salgo corriendo detrás de Amanda, quien azota la puerta de mi casa casi frente a mis narices. Abro la puerta y camino con premura hasta tomarle del brazo con suavidad.
― ¡Suéltame, Jeremy! ―gruñe, bastante molesta.
―No. No te voy a soltar hasta que me dejes explicarte. No entiendo, ¿por qué te pones así?
― ¿Explicarme qué? ¡Todo está clarísimo! ―exclama y su voz se quiebra―. Es ella, Jeremy. Ella es con quien debes estar, no conmigo.
―Amanda, por favor. ¿Me dejas hablar? ―suplico.
― ¿Par