Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl telefonillo sonó y sonó, hasta lograr despertarme. Con la mente algo nublada por el sueño y la resaca, miré la hora (apenas eran las 10:00 am). Maldije en mi fuero interno y me tumbé nuevamente. Volvió a sonar. «¿A quién demonios se le ocurre molestar a alguien un domingo a esta hora?».
—¿Diga? —Mi tono era todo, menos “amistoso”.
—Entrega para la se&ntild







