Mundo de ficçãoIniciar sessãoEra humillante. Incluso cuando lo hacía en casa le producía tal vergüenza que no deseaba que nadie supiera. Sin embargo, en ese lugar no tenía dónde esconderse.
Después de recostarse levantó las manos. Con movimientos inestables, debido al temblor, se pasó el dorso por los ojos. Obligándose a dejar de llorar. Su espalda dolía; pero el dolor no era peor que cuand







