La carta parte 1

El insoportable calor del verano parecía robar la vitalidad de la juventud, las calles, vacías de día y atiborradas de noche, dejaban claro que la gente decidía escapar del sofoco que las altas temperaturas les provocaba cuando el manto de la noche lo cubría todo, la cafetería, sin embargo, recibía clientes sedientos y hambrientos durante todo el día desde la apertura hasta el cierre, bebidas frías y sabrosos helados de mil sabores y colores eran los predilectos de los muchos jóvenes que diariamente llegaban en busca de algún manjar que les ayudará a refrescarse.

- ¡Que tenga un buen día señor! - decía Eimy despidiendo al último cliente de esa tarde.

Ese día, la hermosa pelirroja con la aprobación de Madison, se había decidido a cerrar temprano, dentro de dos días comenzarían las clases en la universidad y Madison estaba bastante estresada preparando todo, le había solicitado su ayuda y compañía, pasarían una agradable noche de chicas para regresar relajadas a la dura realidad universitaria, además, la azabache estaba visiblemente nerviosa, hacía ya un mes desde que envío los papeles de divorcio a ese esposo fantasma y no había recibido respuesta alguna de su parte, aquello la tenía bastante estresada y tanto ella como Beatrice, se encargarían de hacerle olvidar al menos por una noche todo aquello que la aquejaba.

- ¿Ya has cerrado Eimy? - preguntaba una hermosa y refinada castaña, Beatrice había pasado a recoger a la pelirroja.

- Si, fue un día bastante atareado, el calor los hace salir como abejas buscando miel, se agotó la reserva de helado, eso va a poner de mal humor a Madi - respondió la hermosa pelirroja.

- No te preocupes por eso, he hecho el pedido ya, debemos tratar de aligerar la carga de Madi, ya tiene las manos llenas con el imbécil de su esposo - respondió Beatrice.

- A propósito de eso...¿Cómo es el? Digo, imagino que es un sexy multimillonario, de esos que traen muertas a todas, debe ser un chico encantador - dijo Eimy con un deje de sarcasmo.

- ¡Que va! Es un pelmazo idiota y narcisista, no lo veo desde que éramos muy pequeños, es el mejor amigo de mi estúpido hermano mayor, solían jugar juntos cuando eran niños, yo era muy pequeña así que no lo recuerdo bien, pero se por Carlos que es un libertino de lo peor, salta de una mujer a otra y nunca se compromete con nadie, no tiene nada que ver con el honorable señor Singh, patriarca de su familia - respondió la bella castaña.

- Parece ser toda una ficha, pobre Madi, tener que cargar con semejante hombre, puede ser un adonis multimillonario, pero en definitiva no se merece a nuestra Madison…ella ya ha sufrido bastante y merece ser feliz, no otro desalmado en su vida - respondió tajantemente la bella pelirroja.

Beatriz y Eimy guardaron silencio por un momento, aquel tema era algo que nunca se hablaba…porque era mejor de esa manera, dando una última revisada, ambas jóvenes salieron al departamento de su mejor amiga que ya las estaba esperando.

- Veamos, todo parece estar en orden…- se decía a sí misma Madison.

- Parece ser que estás muy ocupada hoy...- la ronca voz del adonis castaño irrumpió el silencio de la habitación de la chica.

- Ah Jason no te esperaba - rio la hermosa azabache.

La sonrisa suave y sincera de la chica hizo que el corazón del castaño diera un pequeño brinco en su pecho.

- Pensé en venir para ver si necesitas ayuda, ¿regresarás a la universidad no es así? - pregunto Jacob.

Madison suspiro y camino hacia la ventana.

- Si, comenzará el nuevo semestre, trato de organizar mis tiempos, debo priorizar lo que es más importante, no falta mucho para terminar la carrera y pronto podré comenzar a preparar todo...por el bien de Maddox - respondió la hermosa jovencita.

Jacob observo la triste expresión de la joven de cabellos azabaches, sintiendo el impulso de tomarla entre sus brazos y decirle que todo estaría bien, que la acompañaría hasta el final del mundo de ser necesario, pero no sé atrevió, sabía que no tenía derecho a hacerlo, después de todo, la había convertido en su esposa para no tener un lío con su padre y se había dedicado a ignorar su existencia...creyendo que sería igual a todas aquellas mujeres que había conocido y dibujando en su memoria aquella sonrisa carmesí cínica y falsa que le vino a reafirmar lo que ya creía saber de las mujeres, sin embargo, aquella era una historia tan aburrida que decidió dejarla de lado y enfocarse en lo que hacía la belleza azabache que inflaba sus mejillas en molestia mirando los complicados horarios de clase que le habían enviado.

- Por todos los dioses, ¿Como se supone que podré organizarme así? Este semestre en verdad va a consumir prácticamente todo mi tiempo, será algo complicado, pero encontraré la manera...- murmuraba la chica más para sí misma que para él.

Era algo fascinante ver lo increíblemente expresiva que Madison White era, no era difícil deducir sus estados de ánimo ya que los reflejaba perfectamente bien en su bello rostro, recordaba la fiesta en la que conoció parte de sus amistades, parecía una verdadera jungla, no había un tipo de persona, si no varios, sus amigos eran tan diferentes entre sí que realmente no lograba entenderla, era como si no tuviese patrones de conducta, algo para analizar, escuchaba todo tipo de música, degustaba una gran variedad de platillos, no parecía tener absolutamente ningún prejuicio o complejo, era extraño, simplemente era ella misma, no había manera de catalogarla, era un ser único.

- ¿Sucede algo Jason? - pregunto Madison sacando a Jacob de sus pensamientos.

- Estoy bien - respondió Jacob.

Sintiendo una leve punzada al ser llamado por un nombre falso, por un momento quiso saber cómo se escucharía su nombre saliendo de esos hermosos labios sonrosados sin el deje de decepción y molestia con el que la joven solía pronunciarlo.

- Pareces algo conmocionado, quizás nos vendría bien a ambos salir a caminar un momento, tanto pensar en las clases y tú en lo que sea que ocupe tus pensamientos parece que nos ha afectado, además este sofocante calor no ayuda mucho - dijo la joven sonriendo.

Caminando por las aglomeradas calles de la ciudad finalmente llegaron hasta un pequeño parque, no había demasiada gente en él, parecía ser un lugar escondido como un secreto en los ruidosos suburbios de la selva de concreto.

- Este es mi lugar favorito de la ciudad, aquí vengo cada vez que necesito meditar o relajarme - dijo la hermosa azabache.

Jacob observo con detenimiento el lugar y sintió como si su corazón diera un vuelco demasiado doloroso en su pecho.

- ¿Jason? - pregunto la joven observando al adonis castaño caminar hacia donde se hallaban los viejos columpios y resbaladillas del parque.

Era exactamente como lo recordaba, los frondosos árboles, los pequeños jardines con flores, la heladería artesanal frente al parque.

- Este lugar es muy especial para mí, aquí jugaba cuando era niña, mi madre solía columpiarme aquí y siempre me compraba un helado al terminar de jugar - decía una hermosa mujer de cabello platinos.

Las hojas secas de los árboles danzaban al son de los fríos vientos invernales que hacían temblar el pequeño cuerpo de un pequeño que se aferraba a su madre.

- ven Jacob...vamos a columpiarnos juntos...-

Resguardado en el regazo de su madre aquel pequeño sentía que podía llegar hasta la luna mientras observaba los ojos de oro de su madre...ojos que también reflejaban una profunda tristeza.

- ¿Sabes Jacob? No hay nada mejor que un helado para refrescarse y olvidar las penas - decía aquella bella mujer que calentaba su corazón mientras caminaban juntos hacia aquella heladería.

- ¿Jason? - finalmente escuchaba la voz de su joven esposa llamándolo por aquel nombre que comenzaba a detestar.

- Es un hermoso lugar, me he quedado sin palabras - respondió intentando evadir la curiosa mirada celeste que parecía internar analizar su rostro.

Madison sabía que algo no andaba del todo bien, Jason parecía distante, distraído, como si de alguna manera este parque le trajera memorias que no sabía decir si lo hacían feliz o infeliz.

Suspirando tomo con delicadeza las grandes y fuertes manos del castaño, intentando sacar al hombre de aquel trance que parecía tenerlo atrapado.

Jacob sintiendo las delicadas y pequeñas manos que sostenían las suyas salió de su estupor, viendo de vuelta aquel panorama que parecía no haber cambiado con los años.

- Vamos, no sé qué te sucede, pero sí sé que es liberador columpiarse un poco- dijo la bella azabache al tiempo que lo arrastraba hasta sentarlo en uno de los columpios para luego ella misma ocupar el que estaba justo al lado de donde se hallaba él.

Su larga melena de ébano parecía danzar con el viento, y sus hermosos ojos azules lo miraban con comprensión, como si de alguna manera supiera lo que le estaba pasando aún sin mencionar palabra alguna.

- ¿No sientes que cuando te balanceas puedes llegar hasta la luna? - pregunto de repente la hermosa jovencita regalándole su bella e inocente sonrisa.

Mirándola fijamente a los ojos comprendió que la chica no mentía, no era posible, ¿O si lo era? Ella era verdadera, no buscaba su fortuna, no buscaba su cama, solo estaba allí, balanceándose, etérea, grácil, como una ninfa...sus risas eran como la más suave música, sus ojos de cielo brillaban como un par de diamantes, su piel de porcelana parecía llamarlo...era real.

- Sabes, no hay nada mejor que un helado para refrescarse y olvidar las penas, ¿Me acompañas? - dijo su bella esposa tomando nuevamente su mano y caminando con el hacia la vieja heladería que guardaba algunas de sus más felices memorias, apretando su mano más fuerte, sin querer dejarla ir fue que lo supo...no podía dejarla marchar, no podía perderla, debía reparar su grave error...debía hacer que lo amara y pronunciara su nombre, su verdadero nombre...no la perdería.

La tarde había sido perfecta, casi mágica, Jacob conducía de nuevo hasta la vieja mansión de su familia, viendo de nuevo distorsionarse las copas de los árboles que se fundían en la oscuridad que comenzaba a reinar en aquellas praderas, de nuevo la mansión Singh aparecía a la vista, solemne, como los viejos tiempos donde fue feliz, entrando a los terrenos de su propiedad se percató de un lujoso auto deportivo de color escandaloso, como si el dueño gritara a todos para que lo voltearan a ver, un repentino dolor de cabeza se formaba y comenzó a frotarse las sienes vaticinando lo que estaba por venir, descendiendo de su auto camino a pasos firmes hasta la entrada de su mansión, entonces lo vio.

- Johan - dijo con severa molestia.

Oro con oro se miraron fijamente, después de varios años hermano y hermano se veían las caras.

Del otro lado en la cuidad, amigas disfrutaban de una tranquila noche de chicas.

- mis sentimientos por usted no han cambiado, pero una palabra suya me silenciara para siempre...-

Suspiros profundos se dejaron escuchar en la pequeña pero cómoda habitación de la azabache.

- Dios ¿Porque no puedo encontrar un hombre así para mí? - reprochaba Eimy ganándose una risita de parte de Beatrice y Madison.

- Es un personaje literario, lo escribió una mujer, obviamente nunca encontraremos a nadie así - dijo Stefany con ironía.

Todas se rieron y miraron a la delgada chica con ironía.

- Pero ¿cómo puedes decir eso cuando tienes a Eccheli suspirando por ti? - reprochó Beatrice entre risitas.

- Es verdad, el chico es como un príncipe, ¡es tan malditamente apuesto y gentil que en verdad es ofensivo que digas eso Stefy! - chillo la bella pelirroja.

- Adrien es muy ruidoso, no me deja ni respirar, no me extrañaría que estuviera en el edificio de enfrente espiando lo que hacemos con tal de no perderme de vista - dijo Stefany suspirando con resignación haciendo que las demás chicas soltaran una sonora carcajada.

- Es verdad, Adrien es algo obsesivo, no se parece a mí príncipe de novela - dijo Madison totalmente roja de la risa.

- ¡Hay por favor! ¡Si el hombre de esa película también lo era! - dijo riendo Eimy.

La noche estaba resultando muy agradable y divertida, habían decidido ver aquella película de romance que era la favorita de todas, el suelo ya estaba cubierto por envolturas de chocolate y papas fritas, no podían parar de devorar golosina tras golosina, todas sabían que comenzaban las clases y ya no habría tiempo de noches de chicas como está, así que se habían resuelto a disfrutar de la noche.

En el edificio de enfrente Adrien veía con sus caros binoculares como las chicas habían comenzado una guerra de almohadas y se reía complacido.

- ¿Te han dicho que en verdad pareces un acosador demente? - dijo Erick sin inmutarse.

- ¿Qué quieres que haga? Stefany no me dejo acompañarla y no quiero perderla de vista - chillo el apuesto rubio.

Erick suspiro en resignación ante aquella respuesta.

- Además...no es prudente...no ahora que ya regresado ese imbécil malnacido - dijo Adrien mostrando un semblante serio y preocupado.

- Es por eso que a pesar de ser una tontería estoy aquí contigo, ese hombre ya se encuentra en la ciudad y mientras este aquí ella corre peligro - respondió el pelinegro mirando sin expresión alguna hacia el departamento de Madison.

Adrien retomo una postura seria, era verdad, no podían dejarle sola, todos conocían lo que aquel hombre era capaz de hacer, Madison no estaría a salvo, sin dejar de mirar hacia el departamento de la chica.

En la mansión Singh dos hermanos se miraban fijamente.

- ¿Qué haces aquí Johan? - preguntaba Jacob con severa molestia, nunca era un placer ver a su medio hermano.

- No me sorprende...sigues siendo el mismo arrogante de siempre, no tengo que dar explicación alguna para venir a mi casa, idiota - respondió con fastidio el joven pelinegro de mirada dorada y agresiva.

Johan era un joven apuesto de 20 años, 8 años menor que su medio hermano, su larga cabellera negruzca, sus desafiantes ojos dorados y aquellos rasgos marcados, idénticos al patriarca de los Singh le daban un toque rebelde bastante atractivo.

- ¿A qué has venido? - demandó saber el mayor de los hermanos.

Haciendo un suspiro molesto el menor de los hermanos finalmente hablo.

- Me expulsaron de la universidad y padre me ha mandado aquí para estudiar en New York - respondió con fastidio y un deje de vergüenza Johan.

- ¿Qué demonios hiciste ahora? ¿No te cansas de causar problemas a la familia no es así? - respondió con sarcasmo Jacob.

- No es de tu maldita incumbencia lo que provocó mi expulsión, además no te debo malditas explicaciones, soy tan dueño de este lugar como lo eres tú - dijo Johan caminado hasta sus habitaciones golpeando a propósito la puerta para hacerla sonar en toda la mansión. 

Jacob sentía su cabeza a punto de explotar, ¿No tenía ya suficientes problemas con el divorcio solicitado por su esposa? Ahora, además, tendría que lidiar con su fastidioso y ruin hermano menor, caminado a sus aposentos la voz de Adam lo saco de sus molestos pensamientos.

- El amo Johan a golpeado al rector de su universidad, por eso ha sido expulsado, ni siquiera la gran influencia del amo Jericho ha servido para calmar las cosas esta vez - informo el viejo sirviente.

- Ese idiota inmaduro, siempre causando problemas - dijo Jacob para después encerrarse en sus habitaciones.

En sus aposentos, Johan Singh se sentía furioso ¿Pero qué demonios se creía él?, siempre menospreciándolo como si no valiera nada, lo sabía, siempre lo había sabido, el gran Jacob Singh, primogénito del patriarca, heredero de la familia, el perfecto hijo mayor…maldita sea, odiaba por completo al bastardo, siempre pavoneándose, siempre mirándolo hacia abajo, su madre tenía razón, el debería ser quien herede todo, aunque sabía, aquello, era imposible, el habla nacido después, para gran desgracia suya, aunque igual el estaría a cargo de las empresas en Estados Unidos no le parecía justo que su legado familiar otorgará el patriarcado al hijo mayor.

Dejándose caer en la enorme cama meditaba sobre todo, estaba de nuevo en esa vieja mansión, recordaba su más tierna infancia viviendo en ella, disfrutando molestar a Adam, correteando por los grandes jardines y deseando usar aquel columpio bajo el sauce, tocándose inconscientemente la mejilla izquierda recordó también aquel día en que su hermano mayor lo golpeó cuando intento treparse en aquel columpio, nunca lo dejo jugar en él, lo veía pasar sus largos días sentado frente a él, mirándolo como hipnotizado pero nunca balanceándose, jamás comprendió el porqué de esa absurda conducta, siempre que preguntaba a su madre, su padre, incluso la servidumbre, todos guardaban silencio y le evadían el tema, solo recordó que su madre solía reír cada que veía a Jacob en ese trance, maldición, odiaba ese lugar, odiaba recordar que una vez tan solo quiso que su hermano mayor lo mirara, que jugará con él, se sentía estúpido por haber deseado eso, tratando de ignorar aquellos pensamientos, finalmente, Johan, se quedó dormido.

Jacob, por su parte, trataba de calmarse, nunca era agradable tener a su hermano cerca, su sola presencia le recordaba a la maldita bruja Brianda , le gritaba en cada hebra de cabello negro, en cada resplandor dorado en los ojos del menor de los Singh, que su padre había reemplazado a su madre, sumergido en sus pensamientos finalmente escucho su celular sonando con insistencia, la pantalla marcaba cinco llamadas perdidas, finalmente respondiendo la llamada esperando recibir la información que había solicitado semanas atrás esperaba ayudarse a olvidar el gran malestar que sentía al saber que su hermano dormía plácidamente a dos puertas de la suya.

- Sr. Singh, perdone la demora, pero encontrar información de la señorita White no fue tan sencillo como espere que fuera - dijo una voz masculina al otro lado de la línea.

- Solo te di 24 horas, pero dejaré pasar este retraso solo por esta vez, ahora suelta lo que tienes para decirme - respondió con molestia el adonis castaño, agradeciendo internamente por recibir la llamada en un momento tan problemático.

Un nuevo día comenzaba, todo parecía más abarrotado de lo que recordaba, y no había trascurrido demasiado tiempo desde la última vez, voces resonando una y otra vez se distorsionaban las unas a las otras haciendo que aquel barullo se tornará bastante molesto, estudiantes caminaban presurosos entre los muchos corredores de las diferentes universidades del campus, era el primer día del semestre, nadie quería llegar tarde a la primera clase, Madison soltaba risitas que ponían más de los nervios a Beatrice, Stefany y Eimy, ¿Que de divertido podría tener estar en medio de aquella avalancha de jóvenes apresurados? Además, el calor no lo hacía más tolerable.

- ¿De qué rayos te ríes? - finalmente pregunto Beatrice ya con los nervios alterados.

- Siempre es lo mismo la primera semana, todos quieren llegar a tiempo, pero será como cada semestre, el próximo lunes recordaran que son ricos, que realmente no tienen necesidad de tomarse todo tan en serio y que solo asisten para complacer a sus padres, y entonces finalmente, los que estamos por beca o porque en realidad queremos salir adelante, podremos caminar tranquilamente, así que no perderé la paciencia como ustedes lo están haciendo - dijo riendo la bella azabache.

- Tienes razón - respondió Stefany suspirando.

- ¡Mis niñas hermosas! - gritó un Adrien acalorado que acaba de escapar de una avalancha de estudiantes y corría a abrazar a Stefany.

- Adrien, pensé que no vendrías hoy - río Madison al observar las mejillas enrojecidas del rubio.

- Tengo que estar aquí presente, no podría dejar a mi Stefany en medio de estos salvajes - respondió chillando el principesco joven.

- Buenos días señoritas - saludaban Erick, aquello era particularmente extraño, Eimy sabía bien que los superiores no asistían a la universidad hasta la segunda semana, y aún más extraño era el saber que Eccheli y Connolly ya se habían graduado tiempo atrás, el semblante de Beatrice se había tornado serio, algo definitivamente no andaba bien.

- Los veré cuando las clases terminen, yo tampoco quiero llegar tarde en mi primer día - río Madison despidiéndose de todos sacando a Eimy de su intriga.

- Será mejor que también me vaya, mi clase ya debió haber comenzado - dijo la pelirroja que arrastró a Stefany con ella para interrogarla sobre la presencia de los superiores.

Aquello, sin embargo, no hizo falta, los ojos de Eimy y Stefany se abrieron con asombro al ver al joven que les bloqueaba el paso.

Aquel rostro arrogante de ojos verdes felinos, el cabello rubio, dorado como el sol, aquella sonrisa maliciosa que ya conocían demasiado bien y no había para nada echado de menos…estaba allí, aquel hombre que una vez había hecho sufrir a Madison.

- Señoritas, tanto tiempo sin verlas, ahora, ¿Alguna de ustedes sería tan amable de decirme en donde se encuentra la señorita White? -

Un escalofrío recorrió la espalda de las chicas, apenas era el primer día del nuevo semestre y las tragedias comenzaban, sin embargo, Eimy finalmente comprendía porque los chicos se habían presentado aquel ya nubloso día, estaban allí para proteger a la hermosa azabache.

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