45 Felicidad, dulce felicidad.
Mateo lanzo la toalla sin cuidado a un lado, su cuerpo se sentía renovado, pero su mente era una gran bola de estambre, donde solo era necesario tirar de una punta, para que todo saliera a flote.
Deseaba tomar a su mujer e irse lejos de todo, la empresa, los periodistas, de esos malditos ojos que veían a su mujer como una bruja y que, sin embargo, una vez que escucharon su calvario comenzaron a verla con lastima, no necesitaba aquello, no para su Elizabeth, ella era fuerte, aun así, debía dejar