“Bronx, ¿de qué estás hablando?”, le pregunto confundida. “¿Tú no me trajiste a casa? ¿No sabías que estaba aquí?”.
“No, nena. No sabía dónde estabas. Nadie lo sabía. Sentí que te acercabas a mí, así que volví corriendo a la casa de la manada. Iba a avisarle a Lady Camille, pero luego olí tu aroma y pude seguirlo hasta aquí”, explica él en mi oído, todavía sosteniéndome contra él.
Él me da besitos en un lado de la cara mientras habla, dejando pequeñas chispas en cada uno. Cierro los ojos y son