Nos quedamos así por un tiempo hasta que él dice: "¿Qué tal si te buscamos algo de comer? No has comido nada sólido en casi una semana".
Me aparto de nuestra cómoda posición y pienso en ello.
"Sí, tengo mucha hambre", concuerdo. En realidad, no tengo hambre, pero tampoco quiero que se enoje conmigo. No cuando las cosas empiezan tan bien.
“Muy bien, te haré un pequeño bocadillo. Entonces le diré a los cocineros para que te preparen algo".
"Gracias, solo voy a lavarme muy rápido, ¿puedo?".