Era el primer día que iba a entrenar con Odette y llegaba tarde. La cama kingsize que había comprado Alex para nuestra habitación era jodidamente cómoda, eso sumado al hecho de que no la habíamos utilizado para dormir en la mayor parte de la noche había hecho que nos despertáramos tarde de nuevo.
Alex me iba a acompañar al claro del bosque donde había quedado con Odette y luego se iría a trabajar en lo que sea que trabajen los reyes.
Desayunamos entre besos y caricias. Desde que marqué a Alex