El teléfono vibra en mi bolsillo y corto la llamada por enésima vez. No quiero hablar con nadie. Sin embargo, de nuevo recibo otra llamada de mi padre, esta vez me veo obligado a responder.
—¿Ocurre algo? —respondo exhausto, aburrido.
—¡Te estoy llamando desde anoche! Me encuentro en Italia, tuvimos que viajar de emergencia.
Trago en seco, no me da buena espina el tono desesperado que usa mi padre.
—¿Por qué? —Me levanto y salgo de la habitación rápidamente.
—Necesitamos reunirnos con los socio