Irene no tomó un taxi, sino que caminó sin destino fijo por la calle.
Fue entonces cuando aquel auto familiar se detuvo a su lado.
La ventana se bajó y el rostro de Robin se hizo visible ante Irene.
—Sube.
Ella guardó silencio un instante antes de abrir la puerta y entrar al vehículo.
—¿Cuándo tendrás los resultados del análisis?
—Esta tarde, a las tres.
Robin respondió con un simple "bien", sin añadir nada más.
Irene, sintiéndose en la necesidad de explicarse, añadió:
—Es sobre el asunto de