Entonces, sin esperar a que formulara alguna otra objeción lastimosa, sellé mi boca sobre la de él en un beso profundo.
Inmediatamente, sus labios amasaron los míos, sus manos se apretaron en la parte baja de mi espalda y me apretó más contra su pecho, antes de deslizar la mano hacia abajo y tocarme el culo.
Lo rechiné y ya podía sentir su erección. "Mierda, Sydney", gimió y me mordió con fuerza en el labio inferior y luego se adelantó a chuparme el moretón que me dejó allí.
En esta venganza