Al día siguiente.
Rebeca no volvió a casa hasta que la fiebre de Violeta se curó por completo.
Aún no había preparado su vestido para el banquete de mañana por la noche.
Rebeca salió por la tarde.
Cuando llegó a la tienda de vestidos de lujo, la encargada y un par de dependientas estaban mirando un vestido.
No se fijaron en Rebeca hasta que se acercó.
—Disculpe, señorita, ¿en qué le podemos ayudar?
—Echo un vistazo primero.
—De acuerdo.
Aunque se había casado con un Lafuente, básicamente no habí