Apolo
Tomé el rostro de Brianna entre mis manos y atrapé con los pulgares las lágrimas gordas que se deslizaban por su hermoso rostro que ahora estaba un poco hinchado y congestionado. Había pasado horas llorando desde que le comunique que estaba todo listo para que se marchase a las siete de la tarde con Pietro. Solo unos minutos después mis chicos fingirían un atentado contra uno de mis autos. Encontrarían tres cuerpos masculinos y uno femenino completamente calcinados.
Eso los haría mover, s