Tener la certeza de que la asesina, obsesionada conmigo, estaba viva era agobiante y, al escuchar las palabras del detective, experimenté deseos imperiosos de esconderme y enajenarme, pero mi vida no podía limitarse únicamente a mantener un orden defensivo, dependiendo de las acciones ofensivas de mi adversaria.
- ¿Cómo consiguió actuar con tanta rapidez? - preguntó Jerry desconcertado.
- No lo sé - respondió Andy - alguien debe de haberla ayudado, porque evidentemente estaba herida.
Desp