Llegué el auto con el corazón apretado, estaba triste, pero aliviada. Jessica se había redimido ante mis ojos, primero al darme cuenta de su permanente protección en mi niñez y adolescencia y ahora al comprobar que, por traerme al mundo, se había enfrentado sola a la vida, rechazada por los suyos y por su gran amor.
- ¿Cómo te sientes? - preguntó Jerry, quien presenció en silencio el intercambio.
- Estoy un poco dolida, pero bien.
- ¿Te diste cuenta de que, al parecer, tienes una hermana?