Poco a poco me recuperaba de la tragedia que estuvo a punto de consumir mi vida. Era el segundo bebé que el destino me arrebataba y comencé a pensar, por primera vez, en cada una de las señales que me había mandado, todas esclarecedoras y directas, quizás aún no estaba preparada para asumir la maternidad, o tal vez, era un mundo peligroso y convulso para un niño, perseguida y acechada por mis enemigos e inestable aún en el plano emocional, por lo que pensé en esperar con tranquilidad mi momento