En el estado de letargo, escuchaba voces ininteligibles, incluso, en ocasiones, podía ver, pero no con nitidez, gritaban, preguntaban y hasta lloraban desesperados. Sentí que me transportaban por pasillos angostos e intrincados, después, el sueño, poderoso e implacable, me venció, adentrándome nuevamente en el camino misterioso y oscuro del descanso reparador.
Los destellos despejaban un poco las nubes que tenía frente a mis ojos, a veces veía a Mirian, tomándome de la mano, pero no llegaba a