AVRIL STEEL
—Señora, no puede salir a esta hora… es peligroso, permita que la acompañe —dijo Damián andando detrás de mí. Su voz fría no sonaba preocupada, pero sabía bien que era su trabajo cuidarme.
—Hoy no, por favor, necesito estar sola… —contesté antes de salir por la puerta.
—Pero es de madrugada y…
—¡Por favor! ¡Crecí aquí! Conozco mejor este lugar que tú —contesté furiosa—. Déjame en paz, necesito dar una vuelta sola. Además, a esta hora no hay nadie en las calles, ni los ladrones d